En la vida se dan situaciones cuya realidad supera la ficción y ocurren cosas como que el prestigio del transatlántico más grande, seguro, lujoso e «insumergible» hasta la fecha, acaba hundiéndose un 15 de abril de 1912 ante los incrédulos ojos del mundo.
El Reglamento vigente de 2017 sobre Instalaciones de Protección Contra Incendios (RIPCI) establece que la parte superior de los extintores deberá quedar situada a entre 80 y 120 centímetros del suelo para cualquier nueva instalación de los mismos. El anterior reglamento de 1993 establecía 170 cm como altura máxima. Estas especificaciones buscan garantizar que los extintores sean fácilmente accesibles para cualquier persona (por estatura, fuerza, discapacidades…) en caso de emergencia. Además, recuerda que deben instalarse en lugares visibles, señalizados y de fácil acceso. Colocarlos a una altura superior a la establecida legalmente, los hace inalcanzables a un buen número de situaciones, con independencia de cuales sean las capacidades personales (situación, señalización, nerviosismo…)
Sin embargo en nuestro centro de trabajo de La Finca, aunque nos parezca ficción en una empresa que se posiciona como puntera en Inteligencia Artificial, tuvimos siempre la mayor parte de extintores a una altura incorrecta, algunos incluso sobrepasando con creces la normativa obsoleta de los 170cm, estando instalados a casi 2 metros del suelo… No nos preguntéis porqué habiéndose inaugurado la finca mucho después de 1993 se colocaron a esta altura, a todas luces irregular…
Por ventura nunca durante todos estos largos años chocamos contra un iceberg.
Pero dejar la seguridad a expensas de la suerte, no parece lo apropiado.
Desde los delegados de prevención de CGT se estuvo implorando durante meses a la empresa para que solucionara este agujero de seguridad, y durante los mismos se estuvo dando largas, excusas y haciendo oídos sordos finalmente se adaptaron algunos pero se dejaron otros sin corregir. Pero Las Moiras quisieron que una inspectora de trabajo accediera a las instalaciones y ordenara su modificación urgente conforme a normativa y sucedió el milagro tras tantas cortapisas interpuestas a nuestras rogativas. Resulta que sí era posible.
Veremos en la nueva ubicación de Torre Chamartín si no nos encontramos con un rocódromo teniendo que escalar a 4 o 5 metros del suelo para poder rescatar nosotros a los extintores, y no al contrario, en caso de emergencia y lo más importante, que no ocurra nunca nada como lo que le sucedió a aquel mítico barco que, gracias al séptimo arte, recordamos ahora como una endulzada historia que entrelazaba desigualdades sociales con un bello pero imposible romance.