Los propietarios de los buques metaneros de Gas Natural Licuado (GNL) se están frotando las manos con la crisis del gas. Tienen como práctica cada vez más habitual renegociar los precios de su carga al minuto. Ello provoca que, aunque tuvieran acordada una entrega en un determinado puerto, contando con cinco días para cambiar de comprador puedan elegir al mejor postor y cambiarlo sin demasiados escrúpulos, lo cual implicará obviamente un cambio de rumbo del carguero.

Hasta aquí no hay noticia, todo parece legal, que no ético. Sin embargo, la picaresca aumenta en el momento en el que se transgreden hasta esos cinco días hábiles y se cambia de comprador por una oferta mayor fuera de ese plazo incluso en el último momento ya en el puerto justo antes de descargar, pasando de poder hacerlo en Bilbao a irse tranquilamente al otro lado del mundo por poner un ejemplo. Pues, aunque parezca mentira les resulta rentable. El combustible extra del transporte y el cambio climático obviamente se las trae al pairo.

Y aquí podemos pensar: Claro, pero esto ya no es legal, no se podrá hacer… Bueno, pues una cosa es que algo no sea legal y otra cosa es que no se pueda hacer. Menos aun cuando el castigo por ello es irrisorio en comparación con los beneficios obtenidos. Estaríamos hablando de una sanción de unos 6 millones de euros, que puede parecer mucho y antes quizá lo era cuando un barco descargaba por 20 millones de euros, pero actualmente el precio se ha disparado multiplicándose por 10 con lo cual la multa de 6 millones frente a los 200 millones obtenidos puede resultar una nimiedad frente al gran beneficio económico que resulta de incumplir la ley y asumir la sanción si es que se asume, que también habría que ver cuándo y cómo se asume… Son los nuevos piratas, aunque mucho menos bucólicos que el entrañable Jack Sparrow.

Y resulta que el ser humano es bastante predecible y repetitivo.

Y aunque Tecnilógica a priori nada tiene que ver con un buque de GNL, en realidad comparten ciertas conductas o prácticas bastante similares. Ya conocemos aquella cantinela cinematográfica de… “Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”.

Si la normativa legal laboral vigente prohíbe los descansos menores de 12 horas entre jornadas, traspasar el tope legal de horas extras y otras prácticas laborales trileras, es para que éstas no se produzcan. Y, por tanto, se podría pensar que una empresa no puede proceder con este modus operandi; sin embargo, nada más lejos de la realidad. Como la sanción aplicada resulta irrisoria frente a los pingües beneficios obtenidos de que salgan adelante ciertos proyectos que cumpliendo la normativa legal no saldrían, pues resulta que por arte de magia financiera compensa saltarse a la torera dicha regulación con el perjuicio personal, familiar y psicosocial y las consecuencias tan graves que esto puede conllevar para las personas trabajadoras explotadas. Luego lo aderezamos con unos toques afrutados tipo Mindfulness mañanero o el más reciente y creativo Mental Health Ally, y a correr.

Y hasta aquí el símil, ésta es la realidad del día a día, o, mejor dicho, del año tras año en Tecnilógica. Se les ponen las denuncias por incumplir la legislación, se ganan y se aplican los expedientes sancionadores, pero nada cambia. Es la ley de la banca, unas veces se gana y otras también. Aunque sea a costa de dinero público y/o de sus muchos pequeños clientes en el caso de la banca, o del esfuerzo y el sacrificio de segar el tiempo y la vida de sus empleados en el caso de nuestra santa casa-empresa, que también se cobra sus comisiones. Estos son los hechos corroborados, a partir de aquí cada cual siéntase libre de sacar sus propias conclusiones…