Todos o casi todos los trabajadores suelen citar el miedo al despido como la principal y hasta única causa de que los demás trabajadores no demanden o denuncien por los típicos incumplimientos de la legislación laboral en sus empleos. Por ejemplo por contratos temporales en fraude, por fechas de vacaciones impuestas, por salarios inferiores al convenio, etc. Ese miedo no solo se cita como la supuesta causa de no demandar sino también como causa de no hacer lo que no necesitaría una demanda, como por ejemplo negarse a hacer horas extras ilegales.

Es obvio que este miedo existe realmente en muchos casos. Pero más de uno ya se habrá dado cuenta de que en muchos otros casos el miedo no es la verdadera causa sino que es una simple excusa. Los que no se lo crean quizá cambien de opinión tras leer este artículo, porque a ver qué explicación pueden tener casos como los siguientes:

Pongamos como ejemplo a nuestro querido Porfirio, mecánico del taller de Paco. Porfirio trabaja 60h semanales y aún dice que podría ser peor porque su mujer, Toñi la camarera, trabaja 72h semanales en el bar de Manolo. Por supuesto, ambos se niegan a demandar a Paco o a Manolo para que les paguen esas horas extras y más aún se niegan a dejar de hacerlas, porque dicen que si lo hicieran los despedirían. Pero resulta que Porfirio de vez en cuando pasa como dietas el tiquet de una comida en el burger con Toñi y sus hijos, o le cambia gratis el aceite del coche a sus amigos o le pone gasolina a su propio coche con la tarjeta de la empresa. Toñi por su lado les cobra menos a sus familiares y amigos cuando van a comer al bar, de vez en cuando manga unos filetes de pechuga para llevárselos a casa y de vez en cuando se queda con 10€ de la caja dejando de ticar algo. De vez en cuando ambos se ponen de baja médica a la vez para irse de puente y suben las fotos del viaje al Facebook. Estos casos son frecuentísimos. Es decir que el trabajador que por lo visto tiene miedo de reclamarle a la empresa lo que le corresponde legalmente no tiene miedo de robarle a esa misma empresa lo que no le corresponde legalmente.

También tenemos los casos de los jovenzuelos con el típico empleo para pagarse sus gastos mientras que siguen viviendo en casa de sus padres. Que si repartidores de una pizzería, que si camareros de bar de copas, que si profesores de mates en una academia, que si monitores de campamentos de verano. No contribuyen económicamente en su casa y todo lo poco que ganan se lo gastan en cosas importantísimas, como en cambiar de teléfono cada año porque les hace mucha falta, apuntarse a Netflix, salir de copas los fines de semana, comprarse ropa molona… Cosas que algunos dicen que son propias de la edad. Pero estos jovenzuelos en muchas ocasiones trabajan sin contrato escrito ni alta en la SS, cobran en B lo que al empresaurio le da la gana pagarles y sin vacaciones ni festivos retribuidos. Pero tragan con todo porque por lo visto tienen miedo a que les despidan.

También llama la atención que muchos trabajadores que dicen tener miedo al despido resulta que no tienen miedo de quejarse verbalmente al jefe por todas las ilegalidades, incluso de malas maneras y llegando hasta el insulto personal o puede que algo más. Este tipo de trabajadores suelen terminar sus quejas con frases que pretenden ser lapidarias, como por ejemplo “bueno, lo voy a hacer pero que sepáis que esto no está bien”, “vale, pero que sepáis que eso no es así POR LEY”… Con lo que en el mejor de los casos solo consiguen que se rían de ellos, porque obviamente la empresa ya sabe que eso es ilegal e incluso sabe por qué Ley exactamente es ilegal; pero la empresa también sabe que el trabajador no sabe ni siquiera de qué Ley se cree que está hablando y sobre todo la empresa conoce a ese trabajador y sabe que después de todo hará igualmente lo que le digan aunque sea después de montar el pollo. ¿Dónde está el supuesto miedo en casos como éste? El que tiene miedo de verdad no solo no demanda sino que obviamente tampoco se queja y menos aún de malas maneras.

Otro caso llamativo es el de los trabajadores con mucha antigüedad a los que les quedan menos de 2 años para jubilarse y que también siguen tragando con todo. Si les echaran cobrarían paro hasta la jubilación, con lo que no perderían cotizaciones para la misma. Además, sumando el paro con la indemnización incluso podrían cobrar más durante esos 2 años que si siguieran trabajando. Pero estos trabajadores siguen echando sus horas extras ilegales y disfrutando de vacaciones en febrero porque la empresa lo decide, porque tienen mucho miedo a que los despidan siendo tan mayores para buscar otro trabajo.

Quizá sea el momento de recordar otra vez que la demanda o denuncia es una de las formas de protección contra el despido. Es decir que el despido a causa de una demanda o denuncia es nulo y por tanto con readmisión obligatoria cobrando y cotizando los salarios perdidos entre despido y readmisión. No solo eso sino que además las denuncias ante Inspección de Trabajo son gratis y no es obligatorio contratar abogado para una demanda ante los juzgados de lo social (laboral). Pero estas garantías para el que quiera demandar al final producen otros tipo de casos curiosos. Son los trabajadores que no demandan porque tienen mucho miedo a que los despidan, al final los despiden igual cuando a la empresa le viene bien, pero el trabajador tampoco demanda después del despido porque le dicen que en caso de despido improcedente la empresa los puede readmtir. Es decir que el trabajador que tiene o tenía mucho miedo a que lo despidieran tiene aún más miedo a que lo readmitan. Eso lo saben los empresaurios de sobra, aunque a ellos mismos les cueste creérselo. Por eso algunos despiden a sus trabajadores pagándoles la indemnización que les da la gana o incluso sin indemnización, pero añadiendo la “amenaza” directa al trabajador de que si demandara lo readmitirían. Mano de santo, oiga usted.

Pero sin duda el caso más curioso es el de los trabajadores que quieren que los despidan porque no aguantan el trato, las horas extras ilegales, la falta de descansos, etc. Trabajadores que incluso mendigan a la empresa “los papeles del paro” sin cobrar la indemnización, es decir regalándole la indemnización al empresaurio como persona física, no a la empresa. Pero la empresa se lo niega y el trabajador sigue tragando con todo. O sea que ese trabajador que quiere que le despidan e incluso lo ha mendigado resulta que sigue tragando con todo porque se supone que tiene miedo de que le despidan. ¿Ah, que no te crees que existan casos así? Pues a paletadas, oiga usted.

Para finalizar tenemos una variante del caso anterior, que digamos que ya es rizar el rizo. El caso de los trabajadores que están mucho tiempo, incluso años, mendigando periódicamente que les despidan pero se lo niegan todas las veces; hasta que cierto día se hartan y se marchan voluntariamente incluso sin preavisar. Es decir que el que quería que le despidieran seguía tragando con las condiciones ilegales porque decía que tenía miedo a que le despidieran y cuando no le despidieron se fue no solo sin indemnización sino también sin paro e incluso con descuento en el finiquito por falta de preaviso y sobre todo habiendo tragado con todas las ilegalidades hasta el último minuto. Eso sucede aunque no os lo creáis. De hecho, hasta se podría decir o sospechar que todo empresaurio con experiencia sabe que la mayoría de los que mendigan el paro sin indemnización al final se marchan si se lo niegan el tiempo suficiente. Quizá en sus primeros tiempos de empresaurio no se crean que en el mundo puedan existir trabajadores así, pero con la experiencia lo aprenden.

Parece evidente que en casos como estos no existe realmente el miedo al despido sino que el problema del trabajador es otro y sin duda es un problema “psicológico” o de comportamiento, por decirlo de alguna forma, que no solo se manifestará en el trabajo sino también en muchos otros aspectos de su vida. Algunos lo llaman la evitación a toda costa de cualquier enfrentamiento, otros lo llaman no saber decir que no, otros lo llaman hacer siempre lo que haga todo el mundo y no hacer nunca lo que no haga nadie, otros lo llaman necesitar que otro les diga en todo momento lo que tienen que hacer…

Otros incluso lo tienen teorizado y dicen que este falso miedo al despido es una manifestación de la que llaman “indefensión aprendida. Es la condición de un ser humano o animal que ha “aprendido” a comportarse pasivamente, con la sensación subjetiva de no poder hacer nada y que no responde a pesar de que existen oportunidades reales de cambiar la situación aversiva, evitando las circunstancias desagradables o mediante la obtención de recompensas positivas. Desde luego la definición parece hecha a la medida de al menos alguno de los casos relatados anteriormente, sobre todo de los dos últimos.

http://laboro-spain.blogspot.com/2019/02/miedo-despido.html