Un clásico del sindicalismo internacional es relatar que el 1º de mayo es el día del trabajador en recuerdo de los 4 trabajadores ahorcados a raíz de la huelga de 1886 en EE.UU. en la que se pidió la jornada máxima de 8 horas diarias. La prensa de la época calificó la petición como “delirio de lunáticos poco patriotas”, que a lo mejor te suena de algo el “argumento” y sobre todo la forma de exponerlo. Pero la huelga triunfó y a partir de aquel día se fue imponiendo poco a poco la jornada máxima de 8h en casi todo el mundo “civilizado”, especialmente a comienzos del siglo XX.

Por otro lado, un clásico del sindicalismo español es contarle a los obreros de derechas que la jornada máxima de 8h se consiguió en España en 1919 a raíz de la famosa “huelga de la canadiense”, una empresa de electricidad en Barcelona. Luego se sumó todo el sector eléctrico y el ferroviario. La huelga, dirigida por la CNT, duró 44 días y paralizó casi toda la economía catalana y en consecuencia gran parte de la española. Es lo que tiene la electricidad y las huelgas de 44 días, en las que por cierto los trabajadores no solo dejaban de cobrar igual que ahora sino que podían ser encarcelados fácilmente igual que ahora.

En aquella época, recordemos que ya hace 100 años, la jornada máxima semanal era de 48h. Siguió siendo de 48h hasta que se redujo a 43h semanales en el año 1980, al publicarse el primer Estatuto de los Trabajadores. Se redujo a 40h semanales en 1983 y desde entonces sigue siendo la misma. Has leído bien: la jornada máxima semanal de 40h no se ha reducido en España en casi 40 años.

Sin embargo es obvio que en 40 años los medios de trabajo han mejorado muchísimo y en consecuencia ha aumentado mucho la productividad. Es decir que una hora de trabajo en prácticamente cualquier sector, por no decir en todos, produce ahora mucho más que hace 40 años. En cambio, o mejor dicho a cambio, los trabajadores españoles siguen trabajando el mismo nº de horas en general. Encima, los tiempos de desplazamiento entre el domicilio y el puesto de trabajo ahora son mayores que hace 40 años en muchas ciudades españolas.

La conclusión indiscutible e inevitable es que la mejora de la productividad ha sido absorbida prácticamente al 100% por la patronal. Dicho de otra forma, la parte patronal del pastel de la producción es ahora mucho mayor que hace 40 años. Sin olvidar otra conclusión igual de indiscutible e inevitable, que es que la disminución de la jornada máxima es imprescindible para reducir el desempleo estructural o desempleo “permanente”. Como es obvio, si los trabajadores cada vez producen más, hacen falta menos trabajadores para hacer lo mismo, por lo que aumenta el desempleo a no ser que haga falta producir más, cosa que no siempre sucede y que además es imposible si tienes más desempleados que consumen menos.

Así que la reducción de la jornada máxima no solo es justa sino que además es necesaria e incluso imprescindible y por eso se hará tarde o temprano. También es quizá la mejor forma de redistribución del empleo y por tanto de la riqueza. Sin embargo, los ultraliberales prefieren redistribuir la pobreza en vez de la riqueza, porque su burdo truco para aumentar el empleo es sencillamente reducir los salarios. Si los salarios se reducen un 10%, por el mismo coste la empresa puede contratar un 10% más de plantilla y por tanto aumentar la producción un 10%. De esta forma donde había 10 empleados ahora tienes 11, pero cobrando lo mismo que cobraban los 10, con lo que tienes a 1 menos pobre que antes pero a 10 más pobres que antes. Eso fue exactamente lo que hicieron en la reforma laboral del 2012 del PP, cuyo objetivo plenamente conseguido fue reducir los salarios en general.

https://laboro-spain.blogspot.com/2019/06/reduccion-jornada-maxima.html